SÍNTOMA · PERIMENOPAUSIA
Sofocos
Una sensación repentina de calor, sobre todo en la cara, el cuello y el pecho, que a veces va acompañada de sudoración y escalofríos. Es el síntoma más frecuente de la perimenopausia y también uno de los que mejor se pueden controlar.
Por qué ocurre
La disminución de los estrógenos altera el termostato interno del cerebro (el hipotálamo). Este se vuelve más sensible a pequeños cambios de temperatura y activa una respuesta para enfriar el cuerpo, dilatación de los vasos sanguíneos y sudoración, incluso cuando no hace calor.
Qué suele desencadenar un sofoco
- Cafeína y alcohol, especialmente al final del día.
- Comidas picantes y bebidas muy calientes.
- Estrés y emociones intensas.
- Espacios con demasiada calefacción o llevar demasiadas capas de ropa.
En ese momento
- Respira lentamente: inspira durante 4 segundos y espira durante 6.
- Vístete con varias capas que puedas quitarte fácilmente.
- Ten a mano un espray de agua o un pequeño ventilador portátil.
En el día a día
- Anota en un diario qué factores desencadenan tus sofocos.
- Elige sábanas y prendas de fibras naturales.
- Hacer ejercicio con regularidad ayuda a estabilizar el termostato interno.
¿Tienes sofocos muy frecuentes o molestos?
Un profesional sanitario puede ayudarte a entender qué está ocurriendo y a encontrar la opción que mejor te ayude a aliviarlos.
Contenido con fines informativos, no sustituye una valoración médica personalizada.
Si varios de estos síntomas te suenan, no es casualidad.
La menopausia no se reduce a los sofocos. Los síntomas pueden empezar años antes de la última regla y afectar al sueño, el ánimo, la energía, la memoria, el peso y la salud íntima.
Haz clic en un síntoma para saber más.
Niebla mental
Buscas las palabras, relees dos veces la misma frase, pierdes el hilo en mitad de una conversación. Nada preocupante: el cerebro va más despacio, con menos glucosa disponible cuando bajan los estrógenos.
Trastornos del sueño
Ayer te dormías en diez minutos y hoy te despiertas a las 3 de la madrugada, sin motivo. La progesterona, que te ayudaba a desconectar por la noche, escasea, y el sueño profundo lo nota enseguida.
Ansiedad
El estrés se dispara por un correo, una reunión o diez minutos de retraso. Los estrógenos influyen en la serotonina: cuando suben y bajan, todo pesa más que antes.
Dolores articulares
Las rodillas que crujen al levantarte, las manos rígidas por la mañana. El cartílago pierde su mejor aliado antiinflamatorio cuando bajan los estrógenos, y parece que te oxidas un poco por todas partes.
Palpitaciones
El corazón se acelera de golpe, sin esfuerzo ni motivo. Los estrógenos también influyen en el sistema nervioso que regula el ritmo cardiaco. Impresiona en el momento, pero rara vez es grave.
Cambios de humor
Te ríes y, treinta segundos después, podrías llorar o mandarlo todo a paseo. Las hormonas suben y bajan más deprisa que antes, y el estado de ánimo las sigue, sin avisar.
Aumento de peso
La tripa se redondea sin que hayas cambiado nada en tu plato. Los estrógenos desplazan el almacenamiento de grasa hacia el abdomen, y el metabolismo va un poco más despacio que antes.
Bajada de la libido
Las ganas tardan más en llegar, o ya casi no llegan. Los estrógenos y la testosterona bajan, y con ellos la sensibilidad. El deseo sigue ahí, solo que arranca más despacio.
Sequedad vaginal
Una sensación de sequedad y, a veces, algo de molestia en el día a día. Los tejidos pierden su hidratación natural cuando bajan los estrógenos. Es un síntoma frecuente, y todavía se habla poco de él.
Reglas irregulares
Un ciclo que se acorta, otro que se alarga, un mes que directamente no llega. La ovulación se vuelve menos regular a medida que los ovarios bajan el ritmo. Suele ser la primera señal de la perimenopausia.
Sudores nocturnos
Te despiertas empapada en plena noche, hay que cambiar las sábanas y el sueño se corta en seco. Es el mismo sofoco que de día, en versión nocturna, y despierta igual de seguro.
Dolor en las relaciones
Una molestia, a veces un dolor de verdad, durante o después de las relaciones. Los tejidos se vuelven más finos con la bajada de los estrógenos, y lo que antes no suponía ningún problema puede volverse sensible.
Piel seca
La piel tira, se marca antes y parece haber perdido parte de su firmeza. El colágeno disminuye con los estrógenos: hasta un 30 % menos en los primeros años después de la menopausia.
Fatiga crónica
Un cansancio que no se va, ni siquiera después de una buena noche. Sueño fragmentado, hormonas a la baja: el cuerpo rinde menos, y se nota de la mañana a la noche.
Caída del cabello
Más pelo en el cepillo, una raya que parece más ancha. Los estrógenos alargaban su fase de crecimiento. Sin ellos, el ciclo se acorta y el cabello se vuelve más fino.