El insomnio durante la menopausia es uno de los síntomas más comunes, llegando a afectar hasta al 61% de las mujeres. No es solo cuestión de dormir menos, la falta de sueño puede afectar directamente en la energía, concentración, memoria, estado de ánimo y bienestar general.
Despertarse varias veces durante la noche o no lograr alcanzar un sueño profundo y reparador puede hacer que los días se sientan más largos, pesados y difíciles.
En la menopausia, los cambios hormonales, especialmente la disminución de estrógenos y progesterona, alteran el ciclo natural de sueño-vigilia. Esto aumenta la dificultad para conciliar el sueño y favorece los despertares nocturnos.
Además, otros síntomas como el estrés, los sofocos, los sudores nocturnos y la ansiedad empeoran la calidad del sueño, generando un círculo vicioso que afecta tanto al cuerpo como a la mente.